Todo/[bonustrack NYC]

Conservatory Garden.

Como es sábado y me he levantado con morriña de Nueva York, la única autoterapia que se me ocurre es aceptarla y compartirla. Así que escribiré sobre algo que quedaba pendiente: el paseo por el Conservatory Garden de Central Park.
Fui allí el último día y creo que por no quedarme en casa de mal humor preparando maletas.  Además, mis planes para la noche se habían esfumado y para nada pretendía pasar las últimas horas en NYC obsesionándome en que esas eran las últimas horas en NYC.  Así que allí planté.
La entrada del Conservatory Garden es la Vanderbilt Gate (5th Avenue entre la 104th y la 105th streets). Fue inaugurado en 1837 y substituía a un antiguo invernadero. Ocupa 6 acres repartidos en tres zonas diferenciadas: el jardín de estilo inglés, el italiano y el francés. La parte central es un enorme césped con una fuente en la zona posterior. Se trata del jardín italiano, y os aseguro que su primera visión no puede ser mejor. Fue nada más entrar que el ruido típicamente neoyorquino despareció por completo y el ritmo de mis pasos, generalmente histérico, no tuvo más remedio que pararse en seco. Es la calma absoluta. Y sienta de maravilla. Situándose de cara a este césped enorme nos queda a la derecha (norte) el jardín de estilo francés (que no tuve tiempo de visitar), y a la izquierda (sur) el jardín inglés. De este último recuerdo pasillos y rincones increíbles, todo ello rodeado de arbustos y plantas en flor. En el centro se encuentra la Burnett Fountain, un homenaje al libro The Secret Garden, de Frances Hodgson Burnett, una escritora inglesa emigrada a EEUU. El libro cuenta la historia de Mary, la niña que huyendo de un brote de cólera en la India llega a Inglaterra para vivir con su tío.  En su mansión descubre un jardín abandonado y misterioso que será el centro de todo el argumento. La escultura de bronce de la fuente representa a dos de los tres niños del cuento, Mary y Dickon.
Me arrepentí muchísimo de haber dejado esta visita para el último día, porque apenas media hora después de entrar, el vigilante del jardín rompió mi estado de “pero qué chulo es esto por Dios” con un grito que entendí como “voy a cerrar, ven otro día, gracias”. Me quedé con las ganas de ver el jardín de estilo francés. La lista de excusas para volver a NYC va creciendo.


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